April 26, 2010 por erycarmen
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Dice Esther Maté que es una optimista nata. Sin conocerla de nada, sólo hace falta invitarla a un poleo menta para darse cuenta de la fortaleza física y mental que arroja por los cuatro costados. En lo que dura una taza resume sus 36 años de vida. Los momentos buenos ganan por goleada a los malos. Entre los más señalados recuerda un programa de TVE en el que vio a una chica a la que le habían transplantado los pulmones: "Ella estaba feliz y la vida le había dado una nueva oportunidad". Esther, a quien le diagnosticaron una fibrosis quística genética a los siete años, vio en aquella joven un espejo en el que aún se ve reflejada. Sin embargo, esta malagueña no tiene quejas de su infancia. Asegura que su vida siempre fue normal, aunque de pequeña se pusiera malita con más facilidad que el resto de niños de su edad. Su diagnóstico le obligó a recibir sesiones diarias de fisioterapia para ir recuperando una capacidad pulmonar que en los peores momentos llegó a ser del 32%.
La cosa se complicó un poco una vez llegada la mayoría de edad. Esther se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Málaga y sus problemas de salud eran más frecuentes. Además de los masajes, los aerosoles se convertían en compañeros inseparables. Las revisiones médicas pasaron a ser mensuales. "Fui empeorando. Los tratamientos eran más frecuentes e intensos", recuerda. En tercero de carrera necesitó un tratamiento intravenoso con antibióticos.
Su situación médica se estancó cuando los médicos le dijeron que en Málaga no se podía hacer más. Fue por esa época cuando vio el programa de la tele y preguntó a los médicos por la posibilidad de un trasplante. "Yo no descubrí nada, pero les encantó mi iniciativa y mi interés. Ellos ya lo habían comentado con mi familia", explica Esther, cuyo padre es médico.
Su destino señalaba al hospital Reina Sofía de Córdoba. Era enero de 1998 cuando comenzaron a estudiar su caso y los acontecimientos comenzaban a acelerarse porque, poco después, el 21 de febrero, sufría un neumotórax con drenaje que exigió su ingreso. "Al tercer día del me costaba mucho respirar y en una semana estaba entubada", apunta. Los protocolos se aceleraban en función de su empeoramiento y finalmente el Hospital Reina Sofía la calificaba como ´Código Cero´. La situación era límite. "A Córdoba llegué bastante mal. Me recuperé un poco y tras aparecer un donante compatible me transplantaron los dos pulmones". Fue el 7 de marzo de 1998 y ella tenía 24 años.
Un antes y un después para la vida de Esther que no resultó fácil. Ella misma reconoce que apenas recuerda nada de su agonía previa a la operación. Pero sí dos meses durísimos en el hospital cordobés. Uno en la UCI, con rechazos, neumonía e infección incluidos, y otro más en planta, a la que nada más llegar la mandaron al gimnasio.
Deporte
Si antes de la operación Esther se ahogaba sólo con mirar una escalera, pronto se dio cuenta de la importancia que el deporte iba a tener en su nueva vida. Tres meses después de la operación ya se pegaba unas buenas caminatas. Se fue animando y comenzó a correr por la playa y por el paseo marítimo de La Malagueta. Su marido Carlos, que no se ha separado de ella desde que se conocieron en 1992, tiene mucho que ver en su afición al atletismo. Los dos están en el grupo de corredores del Club Mediterráneo y participan en el proyecto deportivo y solidario ´Corredores con Causa´ a beneficio de la ONG ´Save the Children´. El reto consiste en correr cinco maratones en otros tantos continentes y donar un euro por corredor y kilómetro recorrido. Es decir 42 euros por persona que finalice cada maratón. Mañana toca la célebre carrera de Londres, cuyos 42 kilómetros iba a correr inicialmente Carlos. Sin embargo, una pequeña lesión ha provocado un acuerdo en la pareja para que Esther cubra 25 kilómetros por los 17 de su marido. El pasado jueves, durante una prueba de esfuerzo, el médico le dijo que corriera en función de que cómo se encontrara: "Si me siento bien haré más".
No hay que preocuparse. Esther ya tiene la experiencia del medio maratón de Marrakech que completó en enero del año pasado, el medio de Málaga del 11 de abril o la carrera del Corte Inglés que corre desde el año 2001, entre otras muchas. "¿Correr un maratón completa? Tengo el gusanillo, pero mi carrera más importante se llama Carlos Aleksandr", responde Esther. Se refiere a un pequeño ´terremoto´ de cuatro años que llegó a la vida de esta pareja en el año 2008. "Él sí que es un atleta", replica con los ojos inundados en chiribitas.


ANTONIA FRANCO GARCIA
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Que bonita historia de superacion, enhorabuena Esther
ANTONIA FRANCO GARCIA hace 655 dias - Me gusta! No me gusta