January 5, 2010 por Carmen Lozano Mateo
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En la época del Romanticismo, la imagen que nos daban los textos sobre la mujer era de una persona débil, dedicada sólo al hogar y a sus hijos. Como esposa tenía una apariencia de sumisión, es lo que le enseñaban los padres para tener atado y bien atado al esposo; de esta forma elogiaban al marido y le hacían creer que era el centro del universo -aunque eso ni ella misma se lo creía.
Ese rol era muy bien acogido en la sociedad de la época, pero hoy en día, tanto mujer como hombre trabajan y comparte tareas domésticas y cuidan ambos de sus hijos. Por consiguiente hay mayor grado de comunicación entre ambos y más sinceridad. Esto es muy común entre las parejas jóvenes.
Pues bien, nosotros los mayores deberíamos aprender de ellos. El hombre consideraría más a la mujer si ella aumentara su autoestima y esa autoestima la pueda conseguir mendiante el enriquecimiento personal, es decir, cuidándose física e intelectualmente, no dejándose llevar por la comodidad o miedo por el simple hecho de ser mayor. Hay que levantarse aunque se caiga una y otra vez.
Siempre hay que levantarse.
Besos


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